Sesión 4

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Intervenir en lo rural. Límites de la transformación

“Tú, hermosa imagen nuestra, / eres inútil como el lirio. / Pero ¿cuáles ojos humanos / sabrían prescindir de una flor viva?”. Estos versos de Luis Cernuda desvelan ese des/encuentro entre lo de antes y lo de ahora, entre la utilidad y el despojo, entre el alma de los sitios y la de quienes lo habitan al amparo del refugio del tiempo o la intemperie.

Todo paisaje pertenece al territorio a ratos abrupto de lo moral. Desentenderse de lo que fue la vida en ese paisaje -en realidad: los elementos que lo conformaban- sería como condenar a la inexistencia lo que fue la vida mientras se mantuvo en pie, a la vista de propios y extraños, escondido, también, en los ropajes con que el capitalismo fue vistiendo, como si la operación fuera poca cosa, los años de la diáspora. En España, ese capitalismo, en forma de hambre camuflada en los pliegues de la autarquía franquista, brindaba el cruce de fronteras -como ya había pasado a principios del siglo XX- para convertirnos en infames sucursales del desarraigo. La gente se iba sin nada en los bolsillos y regresaba con el dinero suficiente para pagar la entrada de un piso en las afueras de la ciudad. Y, de paso, regresaba también con otra mirada sobre su pueblo, sobre las casas de su pueblo, sobre la vida de ese pueblo que empezaría a ser otra lejos de las raíces que habían alimentado esa mirada hasta entonces.

Ahí están esas fachadas en que el azulete de las ventanas y la cal blanca eran sustituidos por azulejos maniseros y las cortinas de canutos por tiras de plástico que se volvían untuosas de tanto manoseo. Las casas son el espacio donde la intimidad se curte para salir con plena confianza al espacio público. Si esa intimidad se construye sobre unos cimientos trucados, como en una partida de Saloon en que hay naipes escondidos en las mangas del tahúr, lo que salga de ahí será el desprecio a lo que esas casas y quienes las habitaban fueron antes de la diáspora. Hablo de esa falta de estima que la gente ha acabado por incorporar a la idea de pertenencia. Si el paisaje cambia, lo que ese paisaje significa hará lo mismo, pero sin que haya habido en el camino hacia esa transformación la memoria -al menos la memoria- de lo que hubo antes.

Lamentablemente, hay demasiadas huellas en el paisaje rural de esa desmemoria. La destreza de la arquitectura a la hora de establecer las reglas -los límites, según el título de esta sesión- hacia esa transformación de lo rural en otra cosa habrían de ser las mismas que cuando contamos una historia de ficción y pensamos que todo vale porque la invención -la creación, dicho así, con ridículas ínfulas de sabelotodo- no admite cortapisas a la hora de ponerla en el lado de la realidad. Establecer, pues, cuáles habrían de ser los equilibrios sobre los que basculan el antes, el ahora y el después de un paisaje -en este caso, el rural- es lo que nos convoca a este encuentro y, particularmente, en la sesión que nos ocupa. Eso, claro, y más cosas: todas útiles -como en el fondo el lirio de Cernuda- para que el debate nos abra perspectivas que devuelvan a lo rural la nobleza que se ha ido perdiendo con los años. Que un libro -éste sí, inútil- haya puesto de moda un concepto que viene de hace un siglo y llevamos sufriendo con más intensidad desde hace setenta años, no supone precisamente un motivo de alegría. Las modas son la firma engañosa de la fugacidad. Lo que toca ahora es fijar la mirada en un paisaje que se mueve, acompañarlo, vestirlo y desnudarlo para que el alma de las casas y de quienes las habitan no se pasen el rato discutiendo acaloradamente, como si después de tanto tiempo se hubieran convertido en enemigos.

Alfons Cervera

Una conversación con…

Miguel del Rey

Arquitecto. Catedrático de Proyectos Arquitectónicos de la ETSAV en activo hasta 2008. Fundador y Director hasta 2008 del Grupo de investigación “PAISAR-Paisajismo y Arquitectura Rural”. Colaborador habitual de algunos masters sobre restauración y paisaje. Entre sus publicaciones se pueden destacar: La Casa Tradicional. Valencia 1983. La Colonia de Benadressa. Una alternativa colonizadora en el Castellón Dieciochesco. Castellón 1983. Arquitecturas Rurales Dispersas en la Comarca de la Marina. Alicante 1986. La Casa Rural de Origen Moderno en el Territorio Valenciano, Madrid 1990. En torno al Proyecto, Valencia, 2002. Alqueríes y Paisatjes en l´Horta, Valencia, 2003. Lugares, Valencia 2005. Arquitectura Rural Valenciana, Valencia, 1998-2010. Entre los premios recibidos se pueden destacar: Premios del Colegio de Arquitectos de la C V por el edificio de la Feria de Alicante (1991); Finalista de Europa Nostra por la restauración del Ayuntamiento de Morella (1997) y en el «I Premio de Arquitectura Española Príncipe de Asturias» 1991-92. Premio a la mejor obra de Jardinería y Paisajismo por el Jardín de las Hespérides (2001). Premio a la mejor publicación de arquitectura por el libro Arquitectura Rural Valenciana. Seleccionado o finalista en diversas Bienales de Arquitectura y Paisaje Españoles (1991, 1993, 1997, 2003, 2005, 2006).

Tomás Guitarte

Arquitecto. Formado en la ETS Arquitectura de Valencia (1988). Becario FPI, durante los años 1989 a 1992, en la Universidad Politécnica de Valencia. Ha trabajado durante más de treinta años en el ámbito de la arquitectura y el urbanismo, y prestando asistencia técnica a distintos Ayuntamientos y Comarcas de Teruel. Conoce, desde dentro, las dificultades, ventajas y oportunidades del mundo rural. Impulsor de iniciativas para la modernización y el desarrollo de la provincia, comprometido con la defensa del territorio y su cultura, activista social y enamorado del medio rural. Miembro desde sus inicios, en 1999, del Movimiento ciudadano Teruel Existe, del que ha venido siendo uno de sus portavoces. Teruel Existe es un movimiento ciudadano espontáneo, plural, independiente, transversal y abierto a todas las organizaciones sociales, colectivos, asociaciones o ciudadanos particulares que, con independencia de su adscripción política, quieran aportar su trabajo al objetivo común de luchar contra la despoblación y por el reequilibrio territorial en España, singularizado en la provincia de Teruel como paradigma de todos aquellos territorios en condiciones similares. Cuando el movimiento ciudadano, como una acción reivindicativa más, decidió presentarse a las elecciones generales de noviembre de 2019 fue su candidato al Congreso, siendo elegido diputado. Es la primera vez en España que una agrupación de electores, no un partido, resulta ser la formación política más votada en su provincia (con casi el 27% del voto) y obtiene representación en el Congreso (un diputado) y en el Senado (dos senadores)

Alfons Cervera

Escritor. Ha nacido y crecido en Gestalgar. Ahora vive en su pueblo. Gran parte de su obra está vinculada a la recuperación de la memoria histórica, centrándose en momentos vividos durante la Guerra Civil Española dando voz en sus escritos a los perdedores de la guerra. Autor de las novelas que integran el llamado ciclo de la memoria: El color del crepúsculo; Maquis; La noche inmóvil; La sombra del cielo y Aquel invierno, reunidas en Las voces fugitivas. Ha publicado también las novelas: De vampiros y otros asuntos amorososFragmentos de abril; Nunca conocí un corazón tan solitario; La ciudad oscura; El domador de leones; Nos veremos en París, seguramente; Els paradisos artificialsLa risa del idiota; L’home mort (traducida por el mismo autor al castellano, El hombre muerto); La lentitud del espía; Esas vidas; Tantas lágrimas han corrido desde entonces; Todo lejos y Otro mundo. Ha publicado artículos de opinión para el periódico Levante-El Mercantil Valenciano y actualmente publica en Cartelera Turia y eldiario.es. Su última novela se titula Claudio, mira (Piel de Zapa, 2020).